El cáncer del separatismo

Feb 24, 2012 by

El cáncer del separatismo

La amistad es el único cemento que mantendrá unido al mundo
~ Woodrow Wilson

 

Cuando hace algunos años asegurábamos en nuestros escritos y conferencias que se acercaba una nueva Edad Media, este pronóstico resultaba exagerado y casi fatalista.

También en su momento explicamos que la repetición de los ciclos históricos no tenía que considerarse necesariamente como una fatalidad o un retroceso, sino como la marcha natural de la Vida, en donde las líneas circulares y espiraladas van indicando un progreso paulatino que toca puntos semejantes aunque a distintos niveles de evolución.

Lejos pues, del fatalismo y más lejos todavía de la exageración, hoy los hechos confirman aquellas viejas palabras.  Ahora son muchísimos los autores y estudiosos que nos presentan el fenómeno de un Medioevo como resultante de los últimos siglos vividos, como compás de espera y recuperación previo a un posible –llamémosle así- Renacimiento.

Las características que señalan la presencia de un ciclo intermedio para nuestra civilización son varias.  Y de entre ellas, hay una que hoy nos interesa especialmente por las graves complicaciones que puede acarrear si no se la conoce en su verdadera magnitud.  Se trata del separatismo.

Más allá de las significaciones políticas –aunque también se incluyen- el separatismo es una fuerza que se va infiltrando en todas las expresiones humanas, cual una corriente que tiende a disolver todo lo hecho hasta el momento, llevando a la célula a oponerse a otra célula; llevando a un individualismo a ultranza que encierra a cada ser en sí mismo con su propia realidad.

Términos como: libertad, independencia, autonomía, libre expresión, autodeterminación y tantos otros, no son más que sinónimos del proceso de separatismo.  Hoy se dividen las naciones en provincias y regiones que pretenden originalidad absoluta y suficiencia para vivir.  Pero el proceso continúa y las regiones y provincias siguen dividiéndose en secciones menores, en base a cualquier diferencia o distinción que se pueda señalar.  Poco después se separará un pueblo de otro, y aun dentro de las mismas familias comenzará a notarse esa fisura que enfrentará sin remedio a las generaciones.

Cuando por fin un hombre sea sólo un hombre y esté “separado” de todo lo demás, ¿qué pasará entonces?  Estaremos en el corazón de la nueva Edad Media.  Cada cual tendrá que valerse por sí mismo en las cuestiones más simples, y todos los logros civilizatorios fundados en el trabajo conjunto y en la cooperación, habrán desaparecido.

Tal vez en el presente cueste concebir un mundo sin comunicaciones, con carreteras cortadas, sin combustibles, sin fluidos energéticos; tal vez resulte casi imposible imaginar casonas aisladas en medio de los campos y grandes ciudades abandonadas por imposibilidad de uso…  Pero todo ello se está gestando en la corriente de la separatividad.

Sin embargo, tal como hubo otras muchas Edades Medias y tal como el hombre resurgió de todas ellas, renacerá asimismo de este período extraño que le espera.  Mas para renacer es necesario un despertar, una razón firme que permita reconocer las actuales equivocaciones para cambiarlas por futuros aciertos.

El hombre es un ser social.  La familia, el pueblo, la tierra que a uno le vio nacer, son afectos entrañables que no pueden borrarse de la naturaleza humana.  Basta con reforzar sanamente estos lazosBasta con despojar esta planta civilizatoria de sus parásitos, para que la próxima Edad Media pase como un rápido sueño sobre nosotros y, tras su breve hora de reposo, se levante poderosa y brillante la aurora de un Nuevo Mundo.

NUEVO y, por consiguiente, MEJOR.

 

 

Imagen: Justin Frisch – Copyright © 2006 – CC BY-NC-ND 2.0

Related Posts

Share This